Bailando con el renacer

Fotografia familiar, familia,

Bailando con el renacer es un relato de mi viaje desde las profundidades del duelo hacia la Vida

Hoy es un día especial, y es que es mi cumpleaños! Y no un cumpleaños cualquiera. 

Hace justo un año, para mi cumpleaños también,  me abría en canal a esta comunidad para explicar mi vivencia de maternidad en duelo. Hace un año os contaba que había sufrido un tercer aborto y que mi viaje de la maternidad estaba siendo muy duro. 

Un año después, os escribo embarazada de 8 meses, a punto de dar a luz a mi hija. 

Os podéis imaginar el sinfín de emociones y el torbellino de vivencias por el que he atravesado este año. Me ha dejado un poco en shock todo el proceso.

Hace unos meses, a principios de febrero, os anunciaba mi embarazo y os regalaba un relato de esta transición del duelo al embarazo. Hoy os regalo la segunda parte de este relato.

Te invito a que leas hasta el final este post, porque te espera un regalo. 

 

 

Bailando con el renacer​

Llevaba unas semanas navegando con mi canoa en ese mar en calma en el que zarpé desnuda, de cuerpo y alma, con una vida creciendo en mi vientre.

La travesía estaba siendo de lo más interesante. Durante unos días tuve de compañeras a 2 gaviotas, la Alegría y la Tristeza. Alegría jugaba con Tristeza entrelazándose en su vuelo. Yo no entendía muy bien su juego, las dos eran muy distintas, pero apreciar cómo danzaban juntas me dio tranquilidad. En uno de esos instantes en que las estaba contemplando, bajaron a reposar en mi canoa.

– ¿Cómo lo hacéis para encajar tan bien, si sois tan distintas? – Les pregunté.

Porque no podemos vivir la una sin la otra, nos complementamos- Me dijo Tristeza.

Alegría llevaba en su pico unas tijeras de metal, me las dio y me dijo:
– Toma, son las tijeras corta-apegos, para cuando sientas que puedes cortar con aquello que te impide avanzar.
– Gracias- le dije y las guardé en mi mochila de los aprendizajes.

Me despedí de ellas y seguí mi travesía. Al cabo de unos días, atravesé una playa multitudinaria de gente, donde solo oía gritos y comentarios inoportunos que me hacían salir de mi centro y sentirme muy incómoda. Me alejé de allí tan rápido como pude. Fue entonces, cuando me crucé con una manada de delfines. Su baile con el agua era precioso, me quedé embobada mirándolos cómo saltaban y se sumergían en el agua con sus chasquidos característicos. Uno de ellos, el más avanzado, me dijo.

– No tengas miedo de las opiniones de los demás, solo céntrate en tu intuición.
– Y eso cómo se hace. – Le respondí.

– No me respondió, se sumergió en el agua y, al salir de un brinco precioso, me lanzó un chubasquero dentro de la canoa.
– Esto te ayudará. – Y me guiñó un ojo.

Sonreí, le di las gracias y seguí navegando, dejando los brincos y bailes de los delfines atrás.

Por fin empezaba a relajarme dentro de mi canoa, tumbada, con el sol acariciando mi cara y el vaivén del agua meciendo mi cuerpo. Fue allí cuando aprecié mi barriga rebosante de vida, cuando la acaricié y empecé a conectar con la vida y con cómo se abría paso a través de mis entrañas. Conecté con mi cuerpo, que se transformaba acogiendo esa nueva vida.

 

 

Fotografia familiar, familia,

Llevaba semanas navegando y sentí la necesidad de tocar tierra, de andar en vez de flotar, de sentir mi cuerpo en plenitud, ese que en unas pocas semanas daría a luz a un nuevo ser.

La canoa se detuvo en una isla volcánica de arena negra. Esta vez sin cocoteros ni isleños. Esta vez yo sola. Con mi panza de luna llena. Me senté al borde de la canoa con los pies colgando, poco a poco puse la punta de mi pie izquierdo en la arena negra, fina y fría, luego posé todo el pie. Ese primer contacto con la tierra hizo que mi piel se erizara por completo. Después puse mi pie derecho y me erguí completamente. Mis pies sostenían el peso de todo mi cuerpo, sin apenas tambalearse.

Una luz brillante y blanca descendió del cielo medio encapotado, penetró por mi cabeza, atravesó todos mis chacras y descendió por mis piernas, envolvió mis pies y de ellos nació una luz que, como un rayo, me ancló a esa tierra negra. Sentí esa conexión con la madre tierra, ese linaje ancestral. Sentí la necesidad de andar por esa isla desconocida. Esa tierra volcánica me conectaba a un lugar profundo de mi ser, desconocido para mí, pero donde despertaba un hermoso poder.

Miré a mi canoa, vi en ella la mochila de los aprendizajes y me la colgué del hombro. Al lado, había un macuto grande abultado y pesado, no lo podía dejar allí, también formaba parte de mí, de mi pasado, de mi vida. Lo cargué en la espalda, pero enseguida supe que esa mochila no me pertenecía.

Seguí mis pies, que esta vez me guiaban por una senda entre rocas de mil formas distintas. Rocas abruptas, rasposas, que conectaban con mundos nunca vistos. Como si de repente estuviera en Marte o en uno de los cráteres lunares. Mis pies descalzos andaban por esas sendas sin inmutarse.

Después de unas horas andando, sintiendo mi cuerpo físico como nunca antes, llegué a un mirador, donde se veía desde lo alto de la isla todo su alrededor. Vi la playa donde fui lanzada desde las profundidades. Vi al isleño puliendo una canoa. La playa de cocoteros se veía preciosa desde el mirador. Alegría y Tristeza seguían danzando en el cielo y la manada de delfines bailaba y brincaba en el agua. A mis pies, mi canoa varada en la playa de arena negra.

En ese instante, una lluvia fina me empieza a mojar, la lluvia cada vez es más intensa, pero no me molesta, mi cuerpo cálido y bañado en sudor agradece esta lluvia primaveral que refresca mi cuerpo, que lo baña de luz. Extiendo mis brazos, dejándome empapar entera y sintiendo cómo el gozo recorre todo mi cuerpo.

Empapada y feliz de pies a cabeza, veo la entrada de una cueva. Siento una llamada muy profunda a adentrarme en ella. Mi corazón palpita fuerte, nunca antes me hubiera adentrado así sin pensar. Es poner un pie dentro de ella y una llama prende todo un circuito de antorchas que iluminan el interior. Es grande, húmeda y llena de estalactitas. Me acuerdo de mi astróloga. Las cuevas son el útero de la tierra, me dijo. Encontrarás la sanción en ellas. Ahí estaba yo en el interior de una cueva, maravillada por su belleza, sintiéndome protegida en el útero de la tierra.

Al fondo de la cueva hay un lago de agua subterránea, de aguas profundas. Me observo en su reflejo, hace meses que no admiro mi cuerpo. Lo acaricio. Está más delgado. Acaricio mi vientre precioso de luna llena. Veo en el reflejo mi antebrazo, con mis estrellas de mar tatuadas, las acaricio. Acaricio cada centímetro de mi piel. Admiro mi cuerpo, nunca antes me había sentido tan poderosa, tan sensual, tan erótica. Me abrazo. Siento una admiración profunda por ese ser que veo reflejado en el espejo, gestando por fin vida, rebosando vida.

En ese instante, dejo la bolsa de los aprendizajes y el macuto en el suelo. Observo el macuto, grande y pesado, que tanto tiempo me lleva acompañando. Ha llegado el momento. Ya sé lo que he venido a hacer en esta isla.

Cojo las tijeras corta-apegos que me dio Alegría. Miro a mi reflejo, miro mi pelo largo hasta la cintura, lo acaricio, lo peino con mis dedos, le doy las gracias por acompañarme en este viaje. Cojo las tijeras, acaricio un mechón de mi pelo y lo corto a la altura de mi mentón. Adiós duelos, gracias por tanta sabiduría, digo, mientras mi pelo cae al suelo. Cojo otro mechón, ¡flas!, lo corto. Adiós inseguridades, me digo. Cojo otro mechón. Adiós autosabotaje. ¡flas!, otro tijeretazo. Me observo en el reflejo con ese manto de pelo en mis pies cubriendo todo el macuto. Siento placer al despojarme de esos lastres que ya no me pertenecen, me siento empoderada. El último mechón. Adiós al qué dirán. ¡Flas!, corto y suelto. Dejo las tijeras y acaricio mi nuevo pelo corto.

 

Fotografia familiar, familia,

Un escalofrío recorre mi cuerpo, de la cueva empiezan a sonar unos tambores, que hacen que todo mi cuerpo se ponga a bailar, que el agua tiemble y baile conmigo. Vuelvo a acariciar mi cuerpo desnudo, abrazo a mi vientre y juntas, mi hija y yo, bailamos al son ancestral de los tambores. Zarandeo la cabeza, siento cómo la libertad nace dentro de mí. Cómo un nuevo yo emerge. Observo de nuevo mi cuerpo en el espejo. Siento el renacer en mí. Una sonrisa de placer se dibuja en mi rostro. Y sigo danzando, brincando, chillando, cantándole a la vida. Dándole gracias por todo este recorrido, dándole gracias por los aprendizajes que me han llevado hasta quien soy. Observo mis estrellas de mar, bailo en su honor. Todos mis cuerpos bailan a mi alrededor. Bailo con mis sombras, con mi niña interior, con mi hija, con mis estrellas. Y lloro y río. Me emociono. Me celebro. Sano.

Y así bailando con mis cuerpos, acunando todas mis sombras que me han perseguido durante tantos años, me dispongo a acoger esta nueva vida, mi hija, Àfrica, desde la más profunda transformación.

Me encantará leerte, saber qué te ha transmitido este relato, si te ha conectado con tu experiencia, si te ha gustado, en fin, me encantaría tener tu feedback.

Gracias por acompañarme desde esta pequeña y bonita comunidad. Aún no me despido, pronto te contaré cómo serán estos próximos meses y cómo cuidaré de esta comunidad estando de baja maternal.

Un cariñoso abrazo desde este renacer.

Carolina

10 thoughts on “Bailando con el renacer”

  1. És impressionant, ets art en estat pur, art quan fotografies, art quan escrius… El relat és tan necessari per deixar fluir i entendre els sentiments que posa la pell de gallina. Gràcies per compartir 😘

  2. És preciós 🥰 Us desitjo el millor a tu i l’Àfrica. Que gaudiu molt del viatge les dues juntes 🤗

  3. Ángel Sánchez

    África tierna y grande, fuerte y hermosa, multiplural y multirracial,luz de luz qué brillará, y te iluminará ✨✨✨ tú su mundo, por tí cobijada, tú la madre tierra, el sol brillante, tú ella, dos estrellas qué iluminarán en el universo.
    Todo tiene su tiempo en el mundo, el mundo tiene su tiempo para ser.
    Hermoso relato, para abrir un mundo de Felicidad.
    Felicidades 😍🥰😘

  4. Montserrat Isern

    Gràcies, Carolina, per aquest relat meravellós i íntim. Enhorabona per aquesta nova vida, poderosa i màgica. Molta força, energia i saviesa per a poder-la gaudir i fer-la créixer. I moltes gràcies per la teva passió, que ens torna el mirall de nosaltres mateixes.

  5. simplemente mágico, millones de gracias y mis mejores deseos para las 2, para África, para ti… para esa nueva aventura juntas.
    Os abrazo

  6. Uauh! Laia moltes gràcies! si sapiguessis el que em costa treure tota la creativitat que tinc dins… les teves paraules m’animen a seguir fent-ho. Si escriure juntament amb la fotografia s’esta convertint en quelcom molt sanador. Gràcies per llegir-me

  7. Ángel, ¡uauh! que bellas palabras, mil gracias. Gracias por leerme, y por transmitirme tanto en estas 4 líneas. La felicidad se abrió paso. Un abrazo enorme.

  8. Montse! gràcies per llegir-me, i gràcies per recordar-me que tots som mirall de tots. I com en son de necessaris aquests miralls. Gaudint a tope. Una abraçada gran.

  9. Paula, Muchas gracias, por leerme, y por tus deseos. Estamos felices las dos. Un abrazo enorme de las dos.

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