El nacer de Àfrica (Parte I)

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Sí de algo doy gracias, en mi embarazo y en mi parto, es de todo el trabajo de estos años anteriores de reconectar con mi cuerpo y mi intuición. Ya que dio sus frutos en esos 9 meses de gestación y en unos de los momentos más animales de mi vida, el nacimiento de mi hija.

Casi cada día de mi embarazo meditaba. En el último trimestre centré mi meditación conectando con mi corazón y con el corazón de Àfrica. Sintiendo como las dos estábamos conectadas a un todo más grande. Llámese universo, cosmos, Dios, o la gran madre tierra, elige el que más te guste.

En una de estas meditaciones, en estado de duerme vela, en la cama, ya salida de cuentas, sentí cómo Àfrica y yo estábamos las dos dentro del útero, flotando en el agua. Fue una sensación preciosa. Flotando junto a mi hija aún por conocer, un mantra vino a mi mente, o a mi corazón: “yo soy el canal y me abro para ti”. Estuve unos minutos con ese mantra en mi mente, pensando en lo precioso y potente que era. Entendí mi papel en el parto.

Al día siguiente. Preparé una sesión creativa en casa, incienso, vela, música meditativa. Escribí unas afirmaciones en rotuladores de colores, y en destinos papeles para colgar en la pared. Frases y palabras que me hicieran conectar con el momento, y que me ayudaran a sobrellevar el dolor y la situación, para mí como para mi pareja: “Respira”, “tranquilidad”, “ternura y atención”, “me abro a la contracción”, “acepto las sensaciones”.

Luego medité, conectando con el mantra de la noche anterior. Yo soy el canal y me abro a recibirte. Después de unos minutos repitiéndolo en silencio, le dije a mi hija: Ya puedes venir, el canal está abierto. Y en ese instante dio una patada, como sí me dijera a través del walkitalki: “recibido”. Y aunque parezca surrealista, ahí empezó nuestro parto.

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Empece a sentir ciertos movimientos, nada dolorosos pero algo me decía que Àfrica había escuchado el mensaje y se había puesto manos a la obra. Nos fuimos a dormir, y a eso de las 3 de la mañana empece a notar dolores de regla que cada vez fueron más intensos, finalmente decidí levantarme.

Estaba tranquila, serena y confiada, tenia muchas ganas y sentía mucha curiosidad por como seria el parto. Puse aceite esencial de geranio y salvia en el difusor, el que las matronas me habían preparado, encendí una vela en mi altar conecté y pedí protección. Empecé a bailar las contracciones, en nuestro comedor, alrededor de nuestra mesa de estilo colonial restaurada por mi padre, cuando venia la contracción me apoyaba en ella, respiraba profundo, cuando se iba seguía. La chimenea también tubo sus dosis de agarrones para sobrellevar la contracción.

Cuando vi que la cosa iba en serio, y después de dudar mucho; era como si al avisarle todo se convertiría en real, cómo dar el pistoletazo de salida de una carrera fondo. Me daba cierto respeto. Sobre las 4:30h de la madrugada, avisé a mi pareja de que estaba empezando a tener contracciones cada vez más intensas. Él, aún somnoliento, me miro, y se activó. Su papel: cronometrar la frecuencia de las contracciones.

– Tienen que durar un minuto, le decía.

Cada vez la cosa se ponía más interesante, yo conectada a la respiración me iba adentrando el el mundo de la contracción. Como una ola, me decía, viene y se va. Sobre las 7 de la mañana bajaron de intensidad y se espaciaron. Decidimos acostarnos un rato, y descansar. Con miedo a que el parto se parara. Estaba cansada, y ese rato en la cama me sentó de maravilla.

Echada en la cama tenia contracciones cada 10 minutos. Aguante 1h hasta que el cuerpo me pidió levantarme. Ahí ya empezaron a ser mas activas pero soportables. Me sentía confiada tranquila y segura.

– Esta ha durado 40 segundos. – Me dijo Uri mientras me apoyaba en la chimenea para reponerme de la contracción.
– Tienen que durar más. -le dije.- Pero llamamos a ver qué nos dicen.

Teníamos línea directa con la comadrona, la llamamos a eso de las 8 de la mañana.

– Sí, son de 40, 50 segundos.- decía Uri.
– Sí, cada 4-5 minutos.- le respondía.
Y puso el altavoz.
– Caro, ¿Cómo estas?, – me preguntó Sandra mientras Uri aguantaba el Mobil con el altavoz.
– Bien. Intenso. – Le dije, respirando. – Estoy con el saco de semillas.- añadí.
– Bien. -Me contesto ella.
En medio de la llamada me vino una contracción, Sandra oyó cómo respiraba, gritaba, gemía, soplaba y suspiraba mientras se iba.

– Muy bien Carolina, lo haces genial. Si ves que no lo aguantas, ponte en la ducha. Os vuelvo a llamar en 20 minutos.

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Sandra estuvo con nosotros apartándonos calma, y desde al altavoz del teléfono iba averiguando si eran contracciones de parto. La ducha y el saco de semillas caliente en la espalda se habían convertido en mis aliados. La siguiente llamada de Sandra me pilló en la ducha.

Con ella en el altavoz, yo en la ducha, y Uri al otro lado de la mampara aguantando el teléfono.
– ¿Carolina, cómo vas?
– Bien.
Me vino una contracción que me hizo ponerme de cuclillas en la ducha, y respirar profundo entre gritos, medio apoyada en la pared, y en la mampara.
Cuando pasó la contracción, Sandra de nuevo.

– Muy bien Carolina, lo estas haciendo genial, parece que sí que son contracciones de parto. Tiene buena pinta.

Yo pensando bien, ya voy para el hospital.

– Esperamos 20 minutos más, y nos volvemos a llamar.

Joder, pensé. 20 minutos más, yo no aguanto mucho más.

Así estuvimos un par de horas, hasta que las contracciones ya no se aliviaban ni con el saco de semillas, ni respirando, ni con la ducha, ni agarrándome en ningún sitio. Sentía que ya no lo podía soportar.
A fuera llovía a mares y yo por dentro quería llorar a mares también. La situación se me estaba yendo de las mandos, así que cuando volvimos a hablar con Sandra, de rodillas frente la chimenea y agrada a las rodillas de Uri que estaba sentado en el sofá, le dije que ya no podía más, que quería ir a que me valorasen.

Los 15 minutos hasta el hospital de Martorell fueron eternos, las contracciones empezaron a ser mucho más intensas y el dolor se situaba en la lumbar. Yo, que no me podía sentar, ni me puse el cinturón. El coche ni pitaba para alertar de la negligencia, y es que mi cuerpo a penas tocaba el asiento. Me apuntalaba con las piernas y la espalda medio recostada en el respaldo, el resto de cuerpo era todo tensión. Uri, iba a 80 detrás de un camión, la intensa lluvia, y mis gritos no le dejaban conducir tranquilo.

– Uri, por favor, ¡acelera o la tengo aquí!. – Le dije entre medias de una contracción
– ¡No! – Dijo, pero creo que en el fondo me decía: ¡No me jodas!

Y por fin aceleró, adelantó al camión cisterna.

Llegamos Sobre las 12h. Aparcó encima de la acera de urgencias. Toda yo temblaba. Desde la ventanilla de admisiones, veía a Sandra y su compañera esperándome, las dos desprendían una aura de salvación que casi me hace llorar de la emoción. El chico que nos atendía no se enteraba de qué estaban ya en urgencias preparadas para recibirme. Mientras tuve que aguantar comentarios de un señor, en la sala de espera, que pretendía hacerse el gracioso.

– Mira, saben cómo entran pero no saben cómo salen. -Decía el energúmeno, junto a las risas cómplices del resto de personas.
– Mírala, pobrecita, pero si esta temblando- seguía
En ese momento no tenia la fuerza suficiente para responderle. Pero, qué ruin puede llegar a ser la gente en una situación tan intima como esa.

Finalmente, el chico de admisiones nos dejó entro entrar, y Sandra, junto con Andrea me recibieron con cariño y amor. Enseguida me hicieron masaje en la lumbar que me alivió muchísimo. Uri se fue a aparcar y yo fui con ellas, a la sala.

 

Continuará…

 

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He decidio contarte el nacimiento de mi hija por partes, ya que, como os conté por stories de Instagram, me ha quedado un poco largo. Pero este es mi testimonio, y no lo quería cortar. De hecho desde que he empezado a escribir el relato del parto, un montón de reflexiones han emergido. Reflexiones que no quiero guardar solo para mí, y que te iré compartiendo en este rincón que se está convirtiendo cada vez más sagrado para mi.

Que te ha parecido la primera parte del nacimiento de mi hija, ¿te ha resultado familiar? ¿que te ha transmitido? ¿Me lo cuentas?  Me encantará leerte en comentarios.

 

Un abrazo enhorme.

14 thoughts on “El nacer de Àfrica (Parte I)”

  1. Me ha encantado leerte y que nos expliques algo tan íntimo y tan bonito como es traer a una personita al mundo. Si lo pensamos bien, es como hacer magia pero de verdad.
    Esperaré a la 2a parte impaciente.
    Deseo que seais muy felices y a disfrutar de ser una nueva familia! 🥰🥰

  2. Enganchada estoy ya, deseando la parte 2.
    Historia real, femenina y muy intensa; un nacimiento que, por lo que describes, fue precioso.
    Gracias por compartir ese momento único.

  3. Caro, gracias por compartir algo tan íntimo y precioso. En ese momento tan complicado haces ver como la naturaleza está el fondo y es la que dirige, te veo bailar alrededor de la mesa y sentir las contracciones como olas. Y es muy emocionante la comunicación entre tu hija y tú, que está claro tiene que existir de alguna forma, aunque no la entendamos o no la escuchemos.
    Espero la continuación y que os estéis disfrutando y queriendo mucho.
    Un abrazo,
    Mer

  4. Gracias Sonia! si realmente es muy mágico. El milagro de la vida, tal cual. Pronto la segunda parte. Y si somos muy felices en medio de la intensidad 🙂 Un abrazo grande a los 4.

  5. Gracias Esther! Pronto la segunda parte! SI una experiencia preciosa intensa real y femenina como bien dices! un abrazo grande

  6. ¡Ay Mer! Tu si que sabes. Algo muy profundo nos guía en momentos tan trascendentales.. y sí, la naturaleza, nuestro instinto animal emerge. Gracias por leerme y compartir tu sentir, como echo de menos estos feedbacks! gracias. Nos estamos gozando un montón. ¡Un abrazo enorme!

  7. A la espera de saber cómo continua,sin duda tus palabras remueven todos los recuerdos de mis partos. Gracias por el regalo de compartirlo 😊

  8. Ai Caro, quins records. El teu part m’ha evocat el meu. Natural, animal, salvatge, desgarradoe… al meu i al seu ritme. Tenint cura de tot des del principi. Què poquet ens parlen de parts reals, quan vulguis el compartim. Enhorabona per tanta consciència 🙏🏻

  9. Cristina Guardia

    Caro, qué alegría leerte!! Muchas gracias por compartirlo, casi he podido volver a sentir lo que es una contracción (menos mal que se olvidan pronto, jeje..). Espero que estéis los tres muy bien y disfrutándoos mutuamente. Estoy deseando seguir leyendo este relato (mira que te salen largos, eh?) porque me encanta esa intensidad tuya que engancha.
    Un besazo guapísima!!
    Cristina

  10. Oh! me alegro mucho que conecte tant contigo. Tu escribiste tus partos? Pronto segunda parte! 😉

  11. QUe bé Gemma que connecti amb el teu. Si una experència molt mamífera! Un dia fem un café de veienes i en parlem! que sí s’han de compartir els parts reals! petons

  12. Cristina! que alegria verte por aquí. Que genial que te haya llegado tanto. Nos estamos gozando mucho, sí. Pronto, pronto la segunda parte! 🙂

    un beso enorme

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