Viaje a las profundidades

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Viaje a las profundidades es un relato para poner en orden todo el baile emocional de este 2020.

Este es un primer post de un diario personal. En Instagram a lo largo de este 2020 he realizado varios posts relacionados con el duelo gestacional que he atravesado. Pero es la primera vez que hablo de ello en el blog.

Si me sigues en redes sabrás que estoy en el ecuador de un embrazo muy deseado, un embarazo pero, muy inesperado después de una perdida gestacional.

El Baile emocional que ha supuesto este 2020 me ha hecho volver a la escritura, un arte que he usado poco, pero que complementa muy bien a la fotografía.

Hoy te presento este relato fruto del curso Escribir con el Corazón de mi gran amiga Isabel Cañelles. Espero que te guste. Se Titula Viaje a las profundiades.

Viaje a las Profundidades

Siempre me había dado pavor el mundo submarino, esas aguas profundas me impresionaban demasiado para adentrarme en ellas. Mi corazón daba un vuelco cada vez que pensaba que podía caer en el mar, como cuando pienso en la muerte ¿Por qué nos da miedo lo desconocido? Pero el duelo llamó a mi puerta, y salté al vacío al océano de la vulnerabilidad.

Mientras buceaba en apnea, desnuda de cuerpo y alma, sumergida en el mar del duelo, me fascinaba todo lo que escondía aquella vida submarina, como si el espacio tiempo hubiera desaparecido. Una sorprendente paz me invadía, estaba de repente en mi hábitat. Tocando esas rocas ásperas, puntiagudas, llenas de moluscos centenarios, rasposas, y nada amigables, pero para mí eran agradables al tacto, reconocía su dureza, su resistencia, su historia bajo esas aguas oscuras. El vaivén de las algas, al son del silencio, de tonos verdosos, tan increíbles que no caben en ningún Pantone. Y peces, miles de peces, de formas y colores tan dispares que era incapaz de asimilar tanta belleza en una imagen.

 

De en medio de las algas una anémona salió disparada hacia mí. El corazón dejó de latir por un segundo, para luego bombardear de palpitaciones todos mis músculos. Pavor me daban esos languiduchos animales, escurridizos y con cara de pocos amigos. Esos dientes afilados capaces de quitarte un dedo en un suspiro. Fue verla y recordar el miedo que pase al tener que afrontarme a mi tercer aborto, cuando no me quedo más remedio que mirar otra vez a la muerte de cara.

 

La anémona, se quedó fija delante de mí, intercambiamos una mirada fría, penetrante, pero a su vez cálida como cuando tu amiga te abrazaba en pleno desconsuelo. El corazón me taladraba el tórax. En un gesto suave, y cálido acerqué mi mano y la acaricié. Sentí un extraño placer. Su piel suave me estremeció, aterciopelada aunque algo viscosa, fue como reconciliarme con ese ser, al que siempre había juzgado por su aspecto maléfico.

 

Ese instante en babia se rompió, por el rugido del mar, una corriente repentina submarina succiono mi cuerpo. Y en un remolino interminable, centrifugada por el mar, salí disparada a la superficie. Como cuando pasas de pantalla  en el videojuego después de haber ganado al monstruo.

 
 
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¡Aaaaaaaaaaaaaah! respiré como si llevara 3 siglos sin aire, pero aun así sentía ahogarme. Un sol de mediodía cegaba mis ojos. Yo en pleno colapso, buscaba desesperadamente algo donde agarrarme, cuando una colchoneta apareció flotando a mi lado. La agarré.  Y en ese trozo de plástico caliente que se pegaba a mi piel desnuda, me dejé caer, rendida.

 

Una brisa salada agradable como un beso de buenos días, me hizo entre abrir los ojos. El trozo de plástico estaba varado en una playa solitaria. Me desenganché de la colchoneta Fofa y deshinchada. Frente a mí, una palmera danzaba con la brisa. Me senté en su regazo y contemplé el horizonte. Tenía la boca, seca, salada, pastosa, digna de una noche de resaca después de mezclar. De la nada apareció un coco joven, recién caído del cocotero, abierto listo para saciar mi sed. Me giré y vi un isleño como se alejaba. Bebí de aquella agua como si fuera bendecida por las 7 maravillas, y me devolvió a mí.

 

Ese lugar al que me había llevado el plástico fofo, era el oasis que mi cuerpo y mente necesitaban. Dejé reposar el coco en el suelo, cuando vi que tenía pegadas a mi brazo tres pequeñas estrellas de mar. Las acaricié, me recordaron a mis 3 maestros, mis 3 hijos no nacidos, con los que aprendí tanto de la vida y la muerte. Las acaricié recordado cada uno de los aprendizajes. Su taco era tan suave, pero a la vez tenía un punto áspero. Cómo puede haber tanta vida dentro de la muerte, pensé. Mientras acariciaba esas preciosas figuras de color coral, como si de un hechizo se tratara se fundieron y quedaron tatuadas en mi piel. Fue en ese instante como noté que algo se movía dentro de mí, miré a mi vientre, ese que siempre había gestado muerte, y por primera vez sentí la vida en él, como si un paisaje de verano naciera de él. Lo acaricié y le di las gracias por gestar vida.

 

En medio de ese ensimismamiento vi como el isleño, se acercaba a mí y esta vez me traía unos mangos jugosos en su punto, los devoré, eran dulces como la miel. Cuando terminé el banquete, me acerqué a él. Estaba lijando una canoa hecha de Ceiba, acaricié esa Ceiba llena de alma, y me puse a ayudar al isleño, sin mediar palabra, el tacto de la madera me resultaba tan agradable, que ese gesto monótono se convirtió un ejercicio de meditación plena.

 

Entre autocuidos y meditaciones acabamos de pulir la canoa. Él me sonrió, como si estuviera dentro de mi mente. Cogí la mochila de los aprendizajes, la red de pesca, el traje de buzo,  unas piñas, mangos y cocos. En ese mar en calma, empece a remar hacia la nueva aventura, con la sabiduría que el mar profundo me había regalado.

Me encantaría saber la opinión del relato, que te ha parecido, ¿te ha incomodado? ¿Qué te ha transmitido? Me encantará leerte en comentarios.

Siento que en esta nueva etapa le doy paso también a la escritura dentro de la fotografía, es por eso que voy a abrir una nueva categoría en el blog de diario personal.

Espero que te guste esta nueva aventura.

Un abrazo cálido.

Carolina

8 thoughts on “Viaje a las profundidades”

  1. GALA SANCHEZ VENDRELL

    Moltes felicitats, Caro!! Me n’alegro moltíssim. A gaudir d’aquesta etapa. Sense pors 🙂

  2. Qué bello relato. El momento de la mirada con la anémona me parece impactante y muy hermosas esas estrellas de mar tatuadas. Es maravilloso leerlo con esa hermosa foto intercalada. Feliz aventura.

  3. Muchas gracias Mercedes!! La Anémona es una protagonista crucial en este viaje. Veamos si nace algo más de esta nueva aventura.

  4. Moltes Gràcies Gal·la!! En això estem, gaudint i intentant tenir la por controlada. Una abraçada enhorme!

  5. Sense paraules, ser mare ha sigut quelcom tan brutal i increïble per a mi, que llegint-te me he emocionat mil. Sort!! Preciós/a!!

  6. Gracies Maria, gracies de tot cor. Espero poder anar fent un diari del batibull de sentiments. Una abraçada

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